El Betis volvió a demostrar que nunca se rinde. En un encuentro vibrante en La Cerámica, el conjunto verdiblanco logró un empate (2-2) con sabor a victoria gracias a dos goles de Antony, el último en el minuto 93, que desató la locura entre los más de 1.500 aficionados béticos presentes. El brasileño, desaparecido durante buena parte del partido, levantó la mano cuando sólo lo hacen los grandes, culminando una brillante acción colectiva para sellar un punto de oro ante un rival directo.
El Villarreal se había adelantado 2-0 en el inicio del segundo tiempo, aprovechando los errores defensivos y la falta de acierto bética. Sin embargo, los de Manuel Pellegrini no se rindieron. Con paciencia, fútbol y fe, fueron acorralando a los amarillos hasta lograr una igualada que refuerza su carácter competitivo y su ambición por los puestos de Champions League.
Un primer tiempo de dominio sin premio
El Betis fue mejor en los primeros 45 minutos en todo salvo en el marcador. Controló la posesión, generó ocasiones y encontró espacios entre Pedraza y Renato Veiga, pero no tuvo puntería. Cucho Hernández y Abde dispusieron de las más claras antes de que Buchanan castigara en el minuto 44 un error defensivo y pusiera el 1-0 para el Villarreal.
El gol fue un mazazo para un Betis que había hecho méritos para ir ganando, pero que se fue al descanso por detrás. Antony, lejos de su mejor versión, no conseguía entrar en juego ni en ataque ni en defensa, mientras que Abde sí encontraba huecos pero sin precisión en la definición.
Del 2-0 al éxtasis final
La segunda mitad comenzó con el Betis lanzado al ataque, acumulando ocasiones sin éxito. Pero en el minuto 64, un mal despeje de Natan propició el 2-0 de Moleiro, que parecía sentenciar el partido. Sin embargo, cuatro minutos después, Antony reavivó la esperanza bética con un zurdazo marca de la casa tras una contra conducida por Fornals.
El Betis siguió empujando. Lo Celso reclamó un penalti claro por agarrón dentro del área, y Junior Firpo rozó el empate en una jugada que también levantó polémica arbitral. Cuando todo parecía perdido, llegó el momento mágico: minuto 93, jugada coral y Antony, con un zurdazo preciso, colocó el balón en la escuadra para el 2-2 definitivo.
Un punto con sabor a victoria
El empate deja al Betis con sensaciones muy positivas y una declaración de intenciones: los de Pellegrini están listos para competir al máximo nivel. La hinchada, que coreó “Betis, Betis, Betis” al final, celebró como un triunfo un punto que refuerza el espíritu de un equipo que nunca baja los brazos y que vuelve a demostrar que tiene alma de grande.
