Titulares

Creatividad a flor de césped: el Betis deslumbra en Girona con una exhibición de fútbol artístico

En pleno Día Internacional de la Creatividad, el Real Betis Balompié regaló al mundo del fútbol una obra de arte en movimiento, con un triunfo de categoría (1-3) frente al Girona FC, que dejó claro que en Heliópolis no solo se compite: se crea, se improvisa y se emociona.

Y ojo, que no fue un día cualquiera. Mientras en muchos rincones del mundo se celebraban talleres de expresión artística o concursos de innovación empresarial, en Montilivi se vivió una auténtica exposición de genialidades futboleras. Porque, miarma, si hay algo que distingue al Betis de Pellegrini es que deja que sus artistas jueguen con libertad. Y cuando eso pasa… saltan los chispazos de magia.

Desde el pitido inicial, el equipo verdiblanco fue un torbellino de presión, velocidad y fantasía. Antony, el brasileño con alma flamenca, bailó con el balón como si estuviera en plena Feria de Abril. Se adornó con arabescos, tiró de picardía y culminó una jugada de videoconsola tras un centro primoroso de Perraud. Un gol que no solo levantó a los suyos del asiento, sino que recordó por qué a este deporte le decimos el arte del pueblo.

Pero si hablamos de arte… ¿cómo no mencionar a Isco? El malagueño fue director de orquesta, mago, poeta y escultor, todo en uno. Asistió a Johnny desde el córner con una rosca precisa, marcó de cabeza el tercero, y se movió con una elegancia clásica, de esas que te hacen pensar que deberíamos protegerlo con una ley de patrimonio. Y como si fuera poco, los béticos le cantaron el «cumpleaños feliz» en el estadio por sus 33 añitos. Emoción pura.

El Girona, mientras tanto, desconectado, no encontró el interruptor. Y es que cuando te enfrentas a un equipo con tanta imaginación, o corres detrás del balón… o lo aplaudes.

La escuela sevillana del fútbol, esa que valora más una filigrana que una patada a destiempo, volvió a hacerse presente. Porque aquí, al sur de Despeñaperros, lo que nos gusta es el jugador diferente, el que rompe moldes, el que tiene un duende en las botas. Como decía Juanma Lillo, el fútbol de hoy está lleno de jugadores de piscifactoría, todos iguales, todos cuadrados. Pero cuando aparece un Isco, un Antony… ahí está el pellizco.

Y sí, algunos se quejan de que la gente ya no va al teatro o a la ópera, pero quizás es porque el Betis juega como un ballet flamenco, como una sinfonía de pases y caños, como una novela escrita con los pies. El fútbol también es arte, compae, y en días como hoy, queda claro que es una de las más puras formas de creación colectiva.

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