Martes Santo «frío»
El Martes Santo de 2024 quedará grabado en la memoria colectiva como un día excepcionalmente singular, desafiando cualquier noción preconcebida de la invariable rutina de la Semana Santa. ¿Alguna vez se ha presenciado dos cofradías y media del Domingo de Ramos saliendo de la Catedral a las nueve de la mañana del Martes Santo? ¿Se han visto dos pasos de Jesús Despojado, uno tras otro, con música de capilla, evocando las antiguas semanas santas que parecen inalcanzables en estos tiempos de masificación de la festividad? ¿Qué decir del orden extraño de la Carrera Oficial acordado para este año, con la Bofetá iniciando su recorrido de día, Los Javieres avanzando de noche y San Benito pasando al mediodía?
Y eso no es todo. ¿Se ha contemplado alguna vez a la Virgen del Dulce Nombre ataviada de la misma manera que lo hizo hace exactamente cien años? ¿Y si todo hubiera transcurrido sin contratiempos, habríamos sido testigos de un cierre de jornada con tres hermandades de negro consecutivas después del bullicio inicial? Y no olvidemos el frío, más intenso que en muchos días de pleno invierno, calando los huesos de los costaleros al relevarse y haciendo tiritar a los niños que aguardaban caramelos, estampitas y cera en las primeras filas.
El viento, desapacible, aumentaba la sensación térmica gélida, agitando los penachos de plumas de los soldados romanos del Cerro por la avenida de Ramón y Cajal. A pesar de ello, las cofradías avanzaban con determinación, conscientes del riesgo de lluvia pronosticado para la tarde y de la necesidad de acercarse al centro lo antes posible, donde habría más lugares para resguardarse que en la zona universitaria, cada vez más reformada con la expansión del tranvía.

El Cerro cumplió con su hora de salida a pesar de que los meteorólogos estimaban en un 80% la probabilidad de lluvia unas horas después. La Virgen de los Dolores salió con su himno de Andalucía, su suelta de palomas y los emotivos cánticos de “Dolores, guapa”, envuelta en la emoción de todo un barrio. Sin embargo, la tarde se tiñó de gris y la lluvia hizo acto de presencia de manera intermitente, arruinando el Martes Santo en cierta medida.
Los Estudiantes, una de las cofradías más conservadoras en cuanto a la lluvia, fue la primera en anunciar su decisión de no salir, seguida por Los Javieres y Santa Cruz, dejando el día sin su parte más solemne debido al riesgo elevado de precipitaciones. Si hubieran salido, habría resultado extraño ver al Cristo de las Almas procesionando de noche, cuando tradicionalmente lo hacía por la tarde, o al misterio de la Bofetá bajo una luz tan intensa.
A pesar de los contratiempos, hubo momentos de gran belleza, como la llegada de Pilatos a la Carrera Oficial, donde la Agrupación Musical Nuestra Señora de la Encarnación rindió homenaje a la banda de Santa María Magdalena del Arahal, considerada madre y maestra del estilo, con sesenta años de historia. La combinación de marchas clásicas con los sonidos celestiales de xilófonos y liras creó una atmósfera única, comparable a la música de Andrea Bocelli en la Catedral de Milán durante la pandemia o a la actuación de Camarón en Montreux.
En resumen, el Martes Santo de 2024 desafió todas las expectativas, ofreciendo una experiencia única e inolvidable que rompió con la monotonía aparente de la Semana Santa.
