La salida extraordinaria de la Virgen del Patrocinio fue un canto a la victoria que lograron los hermanos del Cachorro hace medio siglo. En una época en la que Triana aún era Triana y la cofradía era el núcleo de encuentro de las familias, lograron sobreponerse a las adversidades injustas e incontrolables para resucitar con su madre. Con ella volvió la alegría, la misma que inundó el barrio este domingo en un recorrido festivo y de acción de gracias, abriendo paso por casi todas las calles del barrio en una procesión que celebraba el centenario de su palio. Este motivo especial llevó la procesión hasta las parroquias de la O, Santa Ana y San Jacinto, enfrentándose a la Esperanza en calle Pureza y reflejándose en la Estrella al pasar por su capilla.

La procesión, que duró más de siete horas, comenzó pasadas las cuatro y cuarto de la tarde. Los primeros hermanos salieron de la Basílica del Cristo de la Expiración, donde el altar observaba todo. El cortejo estaba formado por unos 300 cirios, con representaciones de las hermandades de Triana y del Viernes Santo, el arzobispo de Sevilla y el delegado de Fiestas Mayores. Los primeros cirios eran llevados por niños y jóvenes que solo reconocen a la Virgen del Patrocinio en esta imagen adolescente de Álvarez Duarte. Los tramos del cortejo simbolizaban un recorrido por la historia que daba paso a los hermanos más veteranos, aquellos que aprendieron a rezar a la imagen que el fuego se llevó. Los primeros varales del palio cruzaron el dintel del templo poco antes de las cinco de la tarde.

La luz y la atmósfera recordaban a la tarde del Viernes Santo cuando la cofradía se dirige a la Catedral. Con los candelabros de cola en la puerta, un aplauso ensordecedor recibió a la Virgen en las calles de su barrio. La banda de la Oliva de Salteras interpretó ‘Señorita de Triana’ de Pedro Morales y ‘Nuestra Señora del Patrocinio’ de Gámez Laserna para acompañar los primeros pasos del palio por la calle Castilla. En el número 143, la dolorosa recibió la primera de las pétalas que la acompañarían durante todo el recorrido, decorando el techo de malla de Olmo. Luego, la procesión pasó por la parroquia de la O, saludando con una sentida salve en la puerta, avanzó por Callao y San Jorge, y se sumergió en la plaza del Altozano, donde se perdió entre la multitud.