EL LUNES SANTO SE CREÓ POR ‘CULPA’ DEL SANTO ENTIERRO GRANDE. POR JAVIER MACIAS, DIARIO ABC
Hace justo cien años, la Semana Santa también sufría problemas logísticos. Jornadas como el Domingo de Ramos o el Viernes Santo estaban colmatadas de cofradías. A eso se le sumaban las molestias que causaba el Santo Entierro Grande a las hermandades de esa jornada, que se veían obligadas o bien a cambiar de día o a perder protagonismo. Y otra clave más era la lluvia. Mientras que otras hermandades de jornadas anteriores podían posponer la salida, el hecho de que el Viernes Santo -en el que llovía asiduamente- fuera el último originaba que estas cofradías carecieran de esta posibilidad.
Y es en este contexto cuando varios hermanos del Museo decidieron tomar medidas. La hermandad estaba en pleno proceso de transformación. El año antes, en 1922, la Virgen de las Aguas iba a salir por primera vez en un paso de palio, descomponiendo el Stabat Mater que formaba con el Cristo de la Expiración. Aquel año iba a estrenar también las manos separadas. Pero llovió y se frustró aquella histórica estación de penitencia. Para colmo, en septiembre de aquel año el Ayuntamiento promovió la organización de un nuevo Santo Entierro Grande, esta vez antes que nunca. En septiembre comenzaron los trámites pero por diversos problemas finalmente hubo que cancelarlo y sólo acabó saliendo el Cristo del Amor tras el paso de la Canina.
Era la segunda procesión magna que se iba a celebrar en apenas tres años -se organizó en 1920 con más pasos que nunca- y la cuarta en los últimos veinte. Y las cofradías del Viernes Santo, entre ellas el Museo, empezaron a cansarse del asunto.
Cuenta el investigador Luis Chamorro a ABC que «se les invitaba a salir en otro día y esto creaba problemas de bandas y capataces, como ha ocurrido ahora, cien años después». Y así, José Luis Garrido Ávila, consiliario del Museo, llevó al cabildo de oficiales de la hermandad una propuesta: «El detonante fue que las Penas de San Vicente estaba pululando en Palacio para ser la única cofradía que saliese el Lunes Santo, igual que Santa Cruz era la única que lo hacía el Martes. Esto lo comenta Garrido Ávila a la junta de gobierno y propone que la hermandad debía adelantarse para ser la decana del día», explica Chamorro.
Este mismo hecho lo contrasta su hijo, el periodista José Luis Garrido Bustamante, en el documental que se ha estreado esta Cuaresma bajo el título ‘No era un Lunes cualquiera’, dirigido por Antonio Távora y Benjamín Garrido. Su padre llevó al cabildo de oficiales esta idea para pulsar la opinión y otro consiliario, Luis Torres Santos, mostró su decidido apoyo.
De ahí, el Museo contactó con las Aguas, una cofradía que residía en la parroquia de San Jacinto y que era conocida por ‘El Silencio del Domingo de Ramos’ o ‘El Silencio de Triana’, por su corte riguroso, similar al que tenía el Museo. Esta cofradía aceptó en un cabildo general celebrado en febrero de 1923 modificar el día, al considerar que había demasiadas cofradías ya el Domingo de Ramos.
Y fue así cómo, ese mismo mes, las autoridades ratificaron la fundación de una jornada en la que ya habían salido hermandades como la Amargura -por lluvia el Domingo de Ramos- pero que no era la jornada oficial de ninguna otra. Y obtuvieron la licencia.
En el citado documental, afirma el hermano mayor actual del Museo, Juan Toro, que la corporació sólo puso una condición: «Que fuera ‘ad experimentum’ y que le acompañara otra hermandad, por eso se invitó a las Aguas». Y la prueba debió ser satisfactoria porque, a partir de ahí, no paró de crecer.
«Quitando la Candelaria, San Esteban, la Bofetá y San Benito -que se fundaron en los años sucesivos y entraron en la nómina del Martes Santo, las que fueron surgiendo de 1924 a 1958 entraban directamente al Lunes Santo», detalla Luis Chamorro, que es uno de los investigadores que más ha tratado la historia de la fundación de la jornada. Y es ahí, en esa proliferación de hermandades desde entonces hasta 2008 -cuando se incorporó el Polígono de San Pablo, que es la última-, cuando se produjo «la verdadera concordia». Según este historiador, Vera Cruz es por meses más antigua que San Gonzalo, pero se pensó que por el corte de cofradía que era iba mejor al final de la jornada, junto a las Penas, a las Aguas -que entonces no tenía el corte popular actual- y el Museo. «Hay que tener en cuenta -añade Chamorro- que a Vera Cruz se le dio por extinguida de forma oficial y a las Aguas y al Museo no, pese a que ninguna de ellas tuvo vida durante décadas del siglo XIX». Por eso, y aunque la Vera Cruz conserve una historia que la lleva a ser en origen una de las más antiguas de Sevilla o la que más y hasta el sello de lo que en su día fue aquella corporación que residió en el convento de San Francisco, hoy en día se considera de mediados del siglo XX.
Hoy, el Lunes Santo tiene dos partes: la de barrio y la rigurosa, con la única excepción de Santa Marta, que este año cumple su 75 aniversario.
Fuente: Un artículo de Javier Macias para el diario ABC https://sevilla.abc.es/pasionensevilla
