Viernes de Dolores en Sevilla. El día después.
Las puertas de la Semana Santa sevillana se abrieron de par en par en un luminoso Viernes de Dolores, marcado por el buen tiempo y una afluencia masiva de público. No solo se inauguraba simbólicamente la fiesta grande de la ciudad, sino también un momento muy esperado en Bellavista, donde la hermandad del Dulce Nombre protagonizó uno de los estrenos más destacados del día. Siete años después, sus titulares volvían a salir desde el interior de su templo, un acontecimiento que ningún vecino quiso perderse.
Desde bien temprano, los alrededores de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús se llenaron de gente. La multitud congregada ya anticipaba lo que está por venir a partir del Domingo de Ramos: una Semana Santa multitudinaria y rebosante de público. Incluso los barrios más alejados del centro, como Bellavista, vivieron escenas de auténtica masificación, sorprendiendo a vecinos veteranos que no recordaban nada parecido.
Poco antes de las siete de la tarde, el misterio del Señor de la Salud y Remedios cruzaba el umbral del templo por una nueva puerta lateral, recientemente inaugurada gracias al esfuerzo de los hermanos. Este momento ponía fin a una etapa complicada iniciada en 2019, cuando la hermandad tuvo que abandonar su anterior sede tras su derribo. La emoción se hizo palpable entre aplausos, abrazos y lágrimas.
La jornada estuvo acompañada musicalmente por la agrupación de la Redención, que no dejó de sonar tras el paso. En Bellavista, fiel a su estilo, las tendencias musicales más modernas no tienen cabida. Tras el Señor procesionaba la Virgen del Dulce Nombre, envuelta en una estampa clásica con pétalos, saetas y detalles populares que hicieron de la salida un recuerdo imborrable. El palio, lleno de velas rizadas y flores de vivos colores, avanzaba en su último año antes de estrenar nuevos bordados. La Virgen, incluso, giró sobre sí misma ante la emoción de los presentes, mientras los balcones se llenaban de celebraciones familiares.

Mientras tanto, en otros puntos de la ciudad, comenzaban a ponerse en la calle las primeras cofradías. En el Polígono Sur, la hermandad de Bendición y Esperanza iniciaba su estación de penitencia bajo un sol intenso. Sus nazarenos, cada vez más numerosos, acompañaban al paso de misterio entre aplausos y muestras de devoción. La ausencia del capataz, por lesión, marcó uno de los momentos más emotivos, dedicándosele la primera levantá.
En Heliópolis, la hermandad de la Misión volvió a reunir a vecinos y familias en un ambiente de convivencia. Su recorrido, complejo por el tráfico de la ciudad, no impidió que ofreciera algunos de los momentos más clásicos del día. A pesar de las dificultades logísticas y la creciente saturación de la Semana Santa, sus integrantes continúan trabajando para consolidar su presencia en el corazón de Sevilla.
Pino Montano se convirtió, una vez más, en otro de los grandes focos de la jornada. El ambiente de barrio, con bares llenos y vecinos compartiendo mesa, dio paso a una multitudinaria salida procesional con cerca de mil nazarenos, muchos de ellos jóvenes. La hermandad vivió una tarde de reencuentros y recuerdos, con estampas cargadas de emoción y tradición. El Señor de Nazaret, con un guiño al pasado en su vestimenta, y la Virgen del Amor, rodeada de una multitud entregada, protagonizaron momentos de gran intensidad.
Frente a estas escenas de fervor popular, también hubo espacio para la sobriedad. Desde el entorno de la Catedral, la hermandad del Cristo de la Corona ofreció un cortejo medido y elegante, cuidado al detalle, en contraste con el bullicio de otras zonas. Su recorrido, uno de los más bellos de la ciudad, dejó imágenes memorables para quienes buscaban una vivencia más íntima.
En Triana, la hermandad de Pasión y Muerte volvió a demostrar que también hay lugar para el silencio en medio de la intensidad. Con un cortejo breve y recogido, apenas un centenar de nazarenos avanzaban en absoluto respeto, ofreciendo una visión distinta de la Semana Santa en un barrio conocido por su expresividad.
Así transcurrió un Viernes de Dolores lleno de contrastes: desde la multitud y la celebración hasta el recogimiento y la sobriedad. Una jornada que marcó el inicio de una Semana Santa que apenas comienza, pero que ya promete ser intensa, concurrida y profundamente emotiva.
