El Señor de las Penas de San Vicente cruza Cuna y Orfila tras el “desaforo” en su procesión extraordinaria

Durante la procesión extraordinaria de conmemoración del 150.º aniversario fundacional de la Hermandad de las Penas de San Vicente, el Señor de las Penas logró transitar este fin de semana por las emblemáticas calles de Cuna y Orfila, algo que en principio estaba limitado por restriciones del Ayuntamiento a causa de las obras del tranvibús. Sin embargo, la decisión de la autoridad se revirtió ante una evaluación de riesgos favorable, permitiendo que el público acompañara al Nazareno caído en todo su recorrido.

El desbloqueo y la presencia del público

Las calles de Cuna y Orfila estaban previstas para permanecer cerradas al público, con aforos controlados por ser zona de obras relacionadas con el tranvibús. Sin embargo, según fuentes municipales y de la Hermandad, se decidió levantar ese bloqueo. El argumento principal fue que la aglomeración de personas no suponía un riesgo significativo para la cofradía ni para los asistentes. Este gesto permitió que la cofradía pudiera seguir su itinerario original sin renunciar a la cercanía con sus fieles.

Guardia y autoridad en el cortejo

A lo largo de todo el recorrido —desde que el Señor salió del convento del Buen Suceso hasta su regreso a la parroquia de San Vicente Mártir—, dos agentes de la Policía Local acompañaron al cortejo como medida de seguridad. También estuvo presente Ignacio Flores, Teniente Alcalde y Delegado de Seguridad del Ayuntamiento de Sevilla, quien habría dado la orden definitiva para autorizar el paso libre por esas calles. La decisión fue tomada tras el consenso entre las distintas autoridades competentes y representantes de la corporación.

Un recorrido histórico y muy simbólico

El itinerario de vuelta, según fuentes oficiales, incluyó lugares tan significativos como la Plaza del Salvador, Cuna, Orfila, la Plaza Fernando de Herrera y Daoiz, antes de remontar hacia San Lorenzo para regresar finalmente a su templo.

El paso del Señor de las Penas por Cuna y Orfila se convirtió en un momento de intensa emotividad: los hermanos de la Hermandad mostraron gran gratitud por la colaboración de las autoridades y la buena disposición del público, que mantuvo un comportamiento respetuoso y disciplinado durante todo el trayecto.

El cierre de un año extraordinario

Este acto procesional no fue un mero desfile conmemorativo: forma parte de un año jubilar para la cofradía, con cultos, triduo en el Buen Suceso y otros eventos de gran calado espiritual y simbólico.

El buen desarrollo de la procesión, en especial el paso por zonas que estaban condicionadas por las obras, ha sido interpretado como un signo de armonía entre instituciones y cofradía, y como una afirmación de que la devoción popular y la seguridad pueden coexistir incluso en medio de las restricción urbanas.


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