Domingo de Resurrección para el Buen Fin

El regreso del Cristo del Buen Fin y la Virgen de la Palma a San Antonio de Padua en la tarde del Domingo de Resurrección marcó el cierre de una Semana Santa atípica, catalogada como la peor en la historia reciente de Sevilla, excluyendo los años de pandemia y la Guerra Civil. La lluvia, tan anhelada durante la festividad más importante de la ciudad, finalmente hizo acto de presencia.

La incertidumbre rodeó la salida del Cristo del Buen Fin debido a las persistentes lluvias que caían durante el día. Incluso minutos antes de la procesión, una fuerte tromba de agua generó preocupación entre la junta de gobierno, que se vio obligada a reunirse en dos ocasiones para evaluar la situación y asegurar un retorno seguro tras el desfile, evitando incidentes como los ocurridos el Miércoles Santo anterior.

A pesar de los contratiempos, el misterio del Buen Fin pudo iniciar su recorrido con normalidad, atrayendo a multitudes que llenaron las calles con expectación. La junta de gobierno decidió modificar la ruta prevista debido a las condiciones climáticas, optando por el trayecto más corto y seguro.

El misterio avanzó rápidamente, seguido por la Virgen de la Palma, que recibió el cariño y las petaladas de aquellos fieles que, como la Hermandad de la Resurrección, no pudieron realizar su estación de penitencia. Este retorno de la Virgen al atardecer del Domingo de Resurrección fue un acontecimiento que no se veía desde hace años.

El traslado desde San Lorenzo se extendió más de lo esperado, con las calles sumidas en la penumbra y las bandas de música acompañando el recorrido con sus marchas, lo que retrasó la entrada a San Antonio de Padua.

A pesar de una Semana Santa para el olvido, el futuro se vislumbra prometedor, con un año lleno de actividades en las cofradías, incluyendo 10 salidas extraordinarias que renuevan la esperanza y el espíritu cofrade.