La plaza del Señor de la Redención emerge como uno de los rincones más emblemáticos de la ciudad. En este enclave, tres majestuosos palacios y una iglesia restaurada por una hermandad revolucionaria en la Semana Santa de Sevilla conforman un escenario de belleza única. Ayer, durante la procesión del Rocío, este lugar volvió a cautivar a quienes se acercaron para contemplar al Señor de las «manos abiertas», como es conocido en este rincón de la collación de San Ildefonso.

A las cuatro de la tarde, el ambiente era simplemente perfecto en esta zona de la ciudad. La luz del sol inundaba Sevilla, tiñendo las paredes encaladas de la iglesia de Santiago con un resplandor dorado. Los naranjos, con los primeros brotes de azahar, perfumaban el aire, mientras el suave canto de los gorriones y el aroma del incienso creaban una atmósfera serena y solemne. El silencio respetuoso reinaba cuando el cortejo procesional salía a las calles.

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Durante el recorrido, que incluyó paradas en la Alcaicería y la plaza de Jesús de la Pasión, se pudo apreciar la notable presencia de jóvenes cofrades acompañando al Señor de la Redención. Niños y adolescentes desfilaron junto a las andas, evidenciando el vigor y el futuro prometedor de esta hermandad del Lunes Santo.

A medida que avanzaba la tarde y el sol se ponía sobre el horizonte, el Señor de la Redención descendió por las calles, atrayendo a multitudes que buscaban contemplar su paso bajo la luz de la luna. En la Catedral, los fieles se congregaron para acompañar la imagen en su camino por las naves, en un acto de fervor y devoción.

La jornada culminó con la oración final en el altar mayor, donde el arzobispo de Sevilla instó a los presentes a dirigir su mirada hacia Cristo y reflexionar sobre su sacrificio. Tras visitar a la Virgen de los Reyes, la procesión emprendió el regreso a la iglesia de Santiago, acompañada por una multitud de fieles y curiosos.

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En las estrechas calles del barrio de Santa Cruz, la algarabía y la emoción se mezclaron con el aroma del incienso y el brillo de las velas. Finalmente, el Señor de la Redención regresó a su templo, marcando el fin de otra histórica jornada para esta cofradía, que en poco más de 75 años ha dejado una profunda huella en la Semana Santa de Sevilla.